Por Rafael López Chía
No me creo que después de la dimisión de Javier Arenas no se estudiara meticulosamente los riesgos políticos que conllevaría la candidatura de Zoido a Presidente del Partido Popular Andaluz y por supuesto candidato a Presidente de La Junta de Andalucía.
Zoido cuenta con el también sevillano José Luis Sanz como secretario general del PP-A, puesto que había ocupado el gaditano Antonio Sanz, quien también tomó la decisión de dar un paso atrás junto a Javier Arenas.
Juan Ignacio Zoido, un Alcalde flamante con mayoría absoluta en las elecciones municipales de Sevilla. Tan aplastante como convincente, eso creyeron los sevillanos que le dieron su confianza - con miles de promesas en el aire. Todo un mandato por cumplir y encontrarse con el dilema peliagudo de no saber qué hacer y que atender con más urgencia, si el Ayuntamiento o el Parlamento – da esa sensación.
Nadie con cierto grado mínimo de sensatez cree que se pueda dedicar al cien por cien a los dos cargos con la intensidad que requieren los diferentes compromisos.
No diría la verdad si no dijera que Juan Ignacio Zoido haría muy buen papel en cualquiera de los dos mandatos requerido por su partido (PP) - pero no los dos juntos, y más sabiendo que van a ser la única oposición en el Parlamento. Ya de por sí dura es hacer oposición al PSOE, curtidos en mil batallas, aún más dura se supone que será con IU como aliado. Un personal escrupulosamente elegido para “defender como verdaderos mastines políticos guardando el cortijo socialista” y su nueva situación.
Cómo va a ser lo mismo preparar una “estrategia política” a nivel de la Comunidad Andaluza, que un proyecto de ciudad como Sevilla que, era para lo que se había preparado Zoido, y anteriormente Jaime Raynaud, dónde hizo una labor de labranza y siembra que más tarde daría sus frutos en manos de Juan Ignacio Zoido, y por fin se consiguió el Ayuntamiento después de doce años.
A quien se le puede ocurrir comprometer de tal manera a un político (Alcalde) con un año de mandato estrenando ilusión comprometido totalmente con Sevilla y todas las promesas por cumplir, con la dureza que ya dijeron se emplearía la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla, (PSOE-IU).
Ese gran detalle lo tenían que haber pensado “las altas jerarquía del PP” o en el caso sus asesores, y si no lo hicieron, no son las personas adecuadas para dirigir un partido político que se supone de un Gobierno del siglo XXI. Cometieron un grave error que les costaron a los andaluces el “cambio político” en Andalucía, y han vuelto a cometer otro grave error. Hay muchos miles de andaluces y personas involucradas que pagan las consecuencias de las equivocadas elecciones.
El PP-A, y los andaluces en general se merecen un candidato que se entregue - como se suele decir, las veinticuatro horas del día a una sola misión.
Se me hace pensar que la dimisión de Antonio Sanz era porque ya sabía de antemano al igual que Arenas el elegido por los altos dirigentes del Gobierno Central y no quiso postularse. Se perdió un buen candidato que no alteraría para nada el curso del buen camino que llevó a ganar las elecciones andaluzas y, si no se ganó por mayoría suficiente fue por la falta de tacto político al imponer si, o si, la Reforma Laboral en plena campaña electoral de la Comunidad Andaluza. Ni queriendo hacer más daño se hubiera hecho peor.
Javier Arenas cargó con todas las culpas, influyó en pequeños detalles pero, eso es otra historia. Arenas solo tuvo que ratificar el nombre impuesto por la secretaria general Mª Dolores de Cospedal y del Presidente Mariano Rajoy, lo demás vendría por añadidura.
Con el paso atrás de Antonio Sanz, una gran candidata que no hubiera supuesto ningún daño político puesto que había sido reelegida varias veces y no tenía nada que demostrar, hubiera sido también Esperanza Oña Sevilla, Vicepresidenta 2ª del Parlamento Andaluz y experimentada Alcaldesa de Fuengirola con varias reelecciones con mayoría absoluta, con un currículum político digno de una gran candidata a la Presidencia de La Junta de Andalucía.
También es válido para el PP el dicho por Alfonso Guerra; El que se mueve no sale en la foto. La frase no distingue colores ni extremos. La lealtad no se debe confundir con la sumisión. No se puede permitir tantos experimentos en políticas, los ciudadanos no perdonan los errores.

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